Ella siempre fueron las únicas superheroínas capaces de derrotar al invierno, a una vaca escapada y a un nieto con hambre.
Durante años nos han vendido una mentira.
Nos dijeron que los superhéroes vivían en Nueva York, en Gotham o en galaxias lejanas. Que llevaban capas, armaduras futuristas y nombres imposibles de pronunciar.
Gracias por este gran homenaje
Agradecimiento especial a Joseba Muruzábal el autor de las obras. Joseba_mp Un gran homenaje a las abuelas!!
Superabuelas gallegas
Pero aquí en Galicia, llevamos siglos conviviendo con auténticas superheroínas sin darnos cuenta.
Porque cualquiera que haya crecido cerca de una aldea sabe que las abuelas gallegas pertenecen a una categoría aparte.
Son mujeres capaces de cargar sacos que tú apenas puedes mover, caminar kilómetros por el monte sin perder el aliento, distinguir el tiempo que va a hacer mirando una nube a tres kilómetros de distancia y preparar una comida para quince personas cuando solo esperaban dos visitas.
Y todo ello mientras aseguran con absoluta naturalidad, que no hicieron nada especial.
Quizás por eso los murales de las llamadas superabuelas gallegas conectan tan bien con quien los descubre.
Porque no representan personajes inventados. Representan una verdad que todos conocemos. La de esas mujeres que sostuvieron pueblos enteros mientras nadie las llamaba heroínas.
Las mujeres que levantaron Galicia
Antes de que existieran las redes sociales, las aplicaciones de productividad o los gurús del desarrollo personal, ya estaban ellas.
Se levantaban antes que el sol. Atendían animales. Trabajaban la tierra. Cocinaban. Lavaban. Criaban hijos. Cuidaban de sus mayores. Ayudaban a vecinos. Y todavía encontraban tiempo para preguntarte si llevabas una chaqueta porque refresca.
Lo extraordinario es que jamás presumieron de ello. Mientras el resto del mundo buscaba superpoderes, ellas simplemente hacían lo que había que hacer. Cada día. Durante toda una vida.
Cuando el arte decidió hacer justicia
Por eso resulta imposible no sonreír al encontrarse una de estas gigantescas figuras pintadas en una fachada gallega.
Allí aparecen dominando dragones marinos, levantando troncos imposibles, caminando entre tormentas o realizando hazañas que parecen sacadas de un cómic. Y sin embargo, hay algo curioso.
Cuanto más exagerados parecen los murales, más recuerdan a las historias que todos hemos escuchado alguna vez.
Todos conocemos a una mujer que cargaba más peso que cualquiera. Una que recorría media comarca andando. A una que trabajó toda su vida sin pedir nada a cambio o a aquella que parecía tener energía infinita.
Las pinturas convierten esas historias en leyenda. Pero la leyenda ya existía mucho antes de que llegara la pintura.
El verdadero superpoder
Quizás el mayor acierto de estos murales sea que no hablan realmente de fuerza física.Hablan de resistencia. De sacrificio. De dignidad.
Una generación que conoció la escasez y aun así compartía lo poco que tenía.
De mujeres que nunca ocuparon titulares, pero que fueron imprescindibles para que miles de familias salieran adelante.
Por eso quien contempla una de estas obras no ve solo una pared pintada. Ve a su abuela. A su madre. A una vecina o a aquella mujer que siempre estaba cuando hacía falta.
Las heroínas que nunca quisieron serlo
Las superabuelas gallegas no salvaron el mundo de invasiones extraterrestres. Hicieron algo bastante más difícil. Mantuvieron vivos pueblos enteros. Criaron generaciones.Conservaron tradiciones. Cuidaron tierras, animales y familias.
Y lo hicieron sin medallas, sin homenajes y sin esperar reconocimiento alguno. Quizás por eso estos murales emocionan tanto. Porque son mucho más que arte urbano.
Son un recordatorio de que las personas más extraordinarias suelen ser también las más humildes.
Y porque, en el fondo, todos sabemos que si mañana llegara el fin del mundo, habría una abuela gallega que lo recibiría diciendo: Pois haberá que ir tirando. Y probablemente tendría la solución antes que nadie.





































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