El viejo psiquiátrico San Rafael lleva clausurado más de catorce años, fue el psiquiátrico más duro de España. Un título que se supo ganar sin miramientos.
Era un lugar donde se acumulaban las vidas de personas, a las cuales ya casi les habían negado todo.
Muchos eran indigentes, empujados a este sitio por la pobreza, la soledad, o sólo por no encajar en ningún lugar.
El psiquiátrico San Rafael
Jamás fue un refugio, fue una prisión improvisada, edificada bajo la excusa del cuidado. Dormían en el suelo, compartiendo el frío, la humedad y el silencio.
Aquí no se curaba, se segregaba. No se escuchaba, se reprimía. No se acompañaba, se vigilaba.
Entre esos muros se amontonó el sufrimiento, como quien esconde lo que molesta. Vidas estancadas, rutinas impuestas, días iguales. La enfermedad mental se mezcló con la pobreza, y la pobreza, con el olvido. Y así, poco a poco, se normalizó lo inaceptable.
Vídeo de Guillermo Alvarez de Asturias Urbex Mieres Asturias
Aún hoy, el edificio está vacío, pero no está en silencio. Lo que quedan no son sólo ruinas, son ecos. Ecos de una forma de hacer las cosas, que jamás debería repetirse.
Existen sitios que nunca se dejaron en el olvido. Simplemente están en pausa.
Corredores, donde el eco rememora aún los pasos, puertas clausuradas sin un adiós, unas sombras que no son fantasmas sino la memoria viva. Aquí, la gente no falta, lo que hizo falta fue el cuidado.
El silencio no abunda, es la pregunta la que sobra. Historias muy duras.
🔴 EL CASO DE VIRTUDES: LA PACIENTE QUE DESTAPÓ LAS PENURIAS DEL PSIQUIÁTRICO SAN RAFAEL
— Ana Mendoza (@aisa_mendoza) March 13, 2019
Una niña a la que llamaron Virtudes nacía a mediados de los años 60 en una pequeña localidad gallega. pic.twitter.com/nbSxYlqwPe
Adentrarse es transitar por aquello que no logramos olvidar y queremos rescatar para que no se repita. Porque no entrar, es salir. Es aceptar que desviar la mirada también deja sus propias ruinas.
El psiquiátrico más duro de España
Ese centro, antes visto como el más duro de España, llegó a tratar a mas de 500 pacientes. Para todos solo un psiquiatra. Reflejo de como se administraba la salud mental antes. El lugar solo tenía plazas para 250 personas.


Cerró 2012
Desde que cerró sus puertas para siempre en el 2012, un sinfín de ideas han surgido para darle nueva vida. Se propuso convertirlo en un refugio para inmigrantes, en talleres de arte, incluso en un terreno de entrenamiento. Pero ni una de estas sugerencias prosperó.
Donde antes existían vidas, labor, aflicción y asistencia, ahora solo existen pasillos callados, cuartos deshabitados y un silencio que abruma.


Psiquiátrico San Rafael
San Rafael, por años, fue un espejo de una era en donde la salud mental se manejaba con negligencia, con demora y con escasos recursos. Pacientes amontonados, recursos insuficientes, profesionales rebasados. No fue un sitio modélico, pero sí un recordatorio de lo que no debemos repetir.
Salud mental
Hoy que hablamos más que nunca sobre la ansiedad, la depresión, la soledad y el sufrimiento invisible. Es alarmante que sitios como este se descuiden así como si el asunto hubiese desaparecido con el cerrojo de una puerta.


La salud mental no se apuntala con silencios ni con ruinas, se basa en recursos, en dignidad, en prevención y en atención auténtica. Velar por ella no es un acto simbólico, es una tarea social que está en manos de todos.
Quizás San Rafael sea esa voz incómoda que nos devuelve la pregunta esencial ¿Qué tipo de cuidado estamos dispuestos a sostener como sociedad?
Aún así, en ruinas, nos enseña que la gente es primero, y no a la inversa. Los errores de ayer deben impulsarnos a hacer lo correcto sin desviar la mirada, aunque duela.


Mapa
El psiquiátrico San Rafael de Castro de Ribeiras de Lea, en Castro de Rei
Y aquí radica la cuestión, cerrar un edificio es sencillo. Aprender de lo vivido y obrar mejor, es una obligación.
Es el reflejo de lo que debemos ser.
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Cuidar la salud mental es no volver a encerrar a nadie en el silencio.










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