Resulta sorprendente que en la tranquila Terra Chá lucense se levantaran durante la Segunda Guerra Mundial, tres torres colosales que asistían a los submarinos y a los aviones alemanes en su orientación en el Atlántico.
Galicia siempre fue un lugar codiciado por su estratégica posición geográfica en el noroeste de la Península Ibérica. Desde sus costas se oteaba una extensa porción del Atlántico Norte. Debido a esto, nuestro territorio despertó un notable interés entre los servicios secretos alemanes.
Galicia el enclave crucial en el Atlántico
Durante la Segunda Guerra Mundial, el dominio del océano Atlántico era absolutamente crucial. Por él transitaban provisiones, soldados, carburante y materias primas. Conocer la ubicación precisa de barcos y submarinos podía determinar el desenlace de cualquier contienda.
Una red encubierta en España
En 1939 el servicio de inteligencia alemán estableció en España una extensa red operativa.
Desde Madrid se orquestraban variadas facetas operativas incluyendo la del norte, con sede en Bilbao y su huella visible en urbes como Vigo, A Coruña, o San Sebastián.
Büro Runde
Integrado en dicha estructura, un grupo se especializó en radioayudas a la navegación el denominado Büro Runde ¿Qué era? Un grupo secreto ayudando a aviones y barcos alemanes. El nombre tan extraño es alemán Büro es como “oficina” o “grupo que trabaja» y «Runde» era el apellido del jefe.
El mandamás del grupo. Se llamaba Eugen Runde, un coronel del Ejército del Aire alemán (Luftwaffe) durante la Segunda Guerra Mundial. Nació en 1892 (como Eckard Krahmer) y fue uno de los oficiales especializados en sistemas de navegación por radio.
Su cometido central era la instalación de estaciones radiofónicas, diseñadas para orientar a submarinos, navíos, y aeronaves, durante misiones bélicas. Y fue precisamente una de estas estaciones la que emergió en Arneiro, en el municipio de Cospeito Lugo.
Los germanos en Arneiro
El contingente se componía por 33 expertos de la fuerza aérea alemana. Residían en la comarca, interactuaban en los comercios del lugar y participaban en las celebraciones locales. Testigos de esa época relatan que vestían uniformes azules y se movían en vehículos Volkswagen compactos.
Sus actividades, en aquellos momentos, tenian una impacto directo en la contienda atlántica.
Un GPS anticipado.
Los radiofaros de Arneiro conformaban parte del sistema alemán Elektra-Sonne, una tecnología que para su tiempo era muy avanzada.
¿Su funcionamiento?
Las torres emitían señales radiofónicas utilizando el código Morse. Submarinos y aviones alemanes recibían estas señales a través de un radio compás.
Cruzando la señal emanada de Arneiro con las provenientes de otras estaciones situadas en Noruega Stavanger y Francia Bretaña lograban triangular su ubicación con notable precisión.

Digamos, con las salvedades propias, una suerte de GPS inicial. El radio de acción del sistema rebasaba los 2000 kilómetros.
Tres titanes en la Terra Chá
La estructura colosal consistía en tres colosales torres metálicas, erigidas hasta los 102 metros de altura, dispuestas estratégicamente entre Arneiro, Momán, y A Graña, formando un triángulo de seis kilómetros.
Cada torre se elevaba como una mole metálica y imponente, vacía por dentro, surcada por escaleras que daban acceso a lo más alto. En su coronación lucía un enorme «sombrero» metálico culminando en él la antena. Resistiendo el viento de la Terra Chá, se afianzaban con tensores robustos anclados al suelo, junto a aisladores cerámicos que aseguraban su estabilidad y actividad eléctrica.
A su lado se desplegaba un complejo técnico que alimentaba el sistema. Contaba con una sala de radio desde donde se orquestaban las emisiones, un edificio para el destacamento especializado que operaba la instalación, potentes generadores proveyendo energía continua y, un depósito de agua fundamental para la operación del sistema.
Este conjunto configuraba un epicentro tecnológico discreto, emergente en la extensa llanura gallega, donde el sosiego del paisaje contrastaba con la fuerza intangible de las ondas de radio, viajando más alla del Atlántico.

Mapa
El siguiente mapa muestra las ubicaciones de las instalaciones pertenecientes al sistema Sonne Consol alemán

Operativa hasta 1980
Finalizada la contienda, las instalaciones fueron traspasadas al gobierno español, continuando su operatividad en apoyo a la navegación civil hasta el año 1980.

Deterioro y perdida de patrimonio
Sin el mantenimiento debido, las torres comenzaron a mostrar señales de deterioro. La dejadez que sufrieron estas estructuras no frenó que después de un tiempo, revivieran gracias al impulso de ciertos radioaficionados. Empleando generadores eléctricos conectados a aparatos de emisión, pudieron usar las viejas antenas para lanzar señales desde Arneiro.
Cómo hito y curiosidad.
En la primavera de 1997 sus mensajes fueron recibidos por toda Europa, EE UU, África, Asia y hasta en Nueva Zelanda. Con esta iniciativa, mostraron el asombroso potencial técnico de la instalación, a la vez que se buscó captar la atención de las autoridades, con el fin de promover su restauración.
Un año después en 1998, tras otra activación, las Torres de Arneiro saltaron a la prensa. El interés de un periodista en la actividad de los radioaficionados llevó el nombre de Arneiro a un periódico, dando inicio a su rescate en la memoria pública. Pero no llegó a tiempo en el año 2006, una de ellas colapso. Y en 2009, las otras dos se vinieron abajo. Sus restos fueron saqueados. Los edificios quedaron reducidos a escombros.
Hoy día, apenas subsisten rastros de ese sistema que, en su momento, fue vanguardia tecnológica.
Mucho más allá de hierro y antenas
Los radiofaros de Arneiro, no son meras estructuras desaparecidas fueron un testimonio de:
- La relevancia estratégica de Galicia durante el siglo XX
- La existencia de redes de espionaje internacionales en suelo español
- El avance tecnológico de los sistemas de navegación
- La vinculación de un pequeño concello lucense con la narrativa global
En la tranquilidad de la Terra Chá, hubo un tiempo en que las ondas radiales surcaban el Atlántico, guiando submarinos en contienda.
Y esta historia, aún sin torres erguidas, persiste en la memoria colectiva.
Agradecimiento
Muchísmas gracias a Sonia Anllo Naveiras Licenciada en Historia y Geografía y Diplomada en Restauración de Arte por acercarme su artículo sobre los radiofaros de Arneiro y darme las ganas para hablaros de este patrimonio desparecido.











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