Uno podia imaginarse a un monje benedictino del S.XVII, orando en silencio, transcribiendo libros a mano, quizás, arando la tierra del monasterio. Una imagen muy grabada de la vida monacal pero claro, la excepción en este caso no confirma la regla y Gregorio Balboa se sale de los moldes religiosos organizando una red de contrabando en las rías gallegas.
Os acerco la historia de este monje de Gallego que terminó marcando la historia y siendo famoso como el primer contrabandista español, constatado con documentación.
Gregorio Balboa
Su Vida
Gregorio Balboa nació en Monforte de Lemos en el S.XVII y entró a la orden benedictina no sabemos si por vocación o como tapadera porque su carácter no encajaba con la vida del monasterio, ni un poco.

Los documentos de la época lo describen como un religioso conflictivo, peleando siempre, y rebelde con las normas. Para aliviar la tensión, deciden enviarlo lejos, muy lejos, pero lejos de verdad.
Asi fue como pasó un tiempo en Alemania. Pero ni el viaje, ni los nuevos aires lograron cambiar su carácter. Los reportes sobre su comportamiento no ayudaron a mejorar su imagen en tierras lejanas. Entonces, regresa a Galicia o nos lo mandan de vuelta, no queda muy claro.
Galicia se muestra entonces para él (como descubriremos), como una gran oportunidad de negocio.
El negocio del tabaco
Gregorio Balboa con una astucia sorprendente, vio una oportunidad dorada.
En este siglo el tabaco era una novedad importada de América, una preciada mercancía. Cuando algo tiene éxito de esta manera, la Corona, hambrienta de ganancias, monopolizaba su venta y nacen los precursores de los estancos, los únicos establecimientos donde se permite su venta. El resultado de este control lo tenemos claro ¿Verdad? Control y precios elevados, y cuando el precio es elavado y el producto es una necesidad (vício) para el que consumen, nacen las ventas ilegales a gran escala, y obviamente muchísima gente involucrada. Y así, el contrabando florece. No quiero decir que lo inventó el monje gallego pero se subió al carro poniéndose el titulo del primero.
Balboa terminó como prior en Vilanova de Arousa un sitio que en el S.XVII (1689) tenía un ventaja innegable, mar, barcos, y un comercio en crecimiento exponencial.
Su cargo por supuesto le puso en una posición privilegiada para este tipo de negocio, sin duda era un prior con muchos contactos.
Los monasterios de aquella ya resultaban ser un poco «negociantes» ya que manejaban con el diezmo, una de las principales rentas de la Iglesia, la vida de las gentes del lugar, además de tributos por rentas agrícolas, movían mercancías y tambien mantenían contactos con puertos variados del norte de España. Y así, nuestro visionario, Gregorio, descubrió y utilizó este red logística casi perfecta ¡Demasiado! perfecta, en realidad.
En los barcos que transportaban vino, cereales o otras mercancías, empezó a asomar una pequeña mercancia extra, secreta claro, tabaco sí tabaco que no figuraba en los registros oficiales. Se empezó a mover y vender ¡Un montón, un montón de tabaco!
El sistema exhibía una astucia pasmosa
El ingenio del prior contrabandista reclamaba un análisis minucioso.
Un navío partía desde Galicia, atiborrado de mercancías legales. Todo estaba en regla, obviamente. Todo aprobado. Todo parecían de ley. Sin embargo, durante el viaje de regreso, unos barriles que se suponían vacíos…venían cargaditos.
Dentro de ellos, a escondidas cual tesoro, se alojaba tabaco ilegal, aguardando ser descargado furtivamente en alguna playa de las rías gallegas.
Balboa urdió una red donde entraban monjes, marineros, criados y vecinos, todos participando en el transporte de lo robado y vigilando cualquier signo de autoridad.
Este sistema era de una eficacia asombrosa, que incluso, aunque siglos distanciados, recordaba a las tácticas de contrabando que florecieron en Galicia mucho más tarde.
Creación de una empresa
En junio de 1692 Gregorio Balboa avanzaba en su rara travesía empresarial. En Pontevedra establece una firma comercial que aparentemente iba para el transporte de mercancías, la realidad era no levantar más sospechas, empezaba a ser el punto de mira de la autoridad. Se creo una fachada para sus operaciones secretas.
Más tarde, se asoció con un capitán asturiano Pedro Blanco Inclán, dueño de un pequeño barco llamado «Espíritu Santo» y con él planeó la descarga de tabaco en toda la costa. Lamentablemente no salió bien, la ley apareció cortando la operación. A pesar, de eso Balboa escapó ileso, su socio no tanto.
La desconfianza seguía aumentando. Y en el año siguiente, 1693, Balboa abandona el priorato de Arousa tal vez impulsado por la incomodidad ambiente.
Las autoridades empiezan a investigar a Balboa
Por supuesto, los guardianes del monopolio del tabaco pronto percibieron algo extraño. Exactamente, no olía a incienso, y saltaron las alarmas.
Las autoridades inician la vigilancia en las rías, enviando barcos para capturar a los buques sospechosos. Estaban perdiendo mucho dinero que iba a parar a otras manos y esto no lo podían consentir.
Los soplones le avisan
Los soplones de Gregorio Balboa informaron al monje sobre los planes de los agentes del Rey. Enterado con tiempo, Balboa decidió sacrificar una mínima porción de la carga. Próximo a Corrubedo solo se descargó una pequeña porción de tabaco para apaciguar a los recaudadores.
Mientras, el cargamento verdadero (el fisco estimó unas 5000 libras) iba a descargarse secretamente en una cala apartada, para ser después llevado silenciosamente a la casa del prior en Oleiros.
Los agentes, aún así, pensaban que el navío transportaba mucho más y con esa convicción, actuaron, tomando el barco y trasladando a los arrestados de la operación a la cárcel de Rianxo.
Pero el escándalo que podía originar este asunto, recordemos que sería con un monasterio benedictino resultaba para aquel entonces demasiado fuerte. Finalmente, todo se mantuvo en secreto debido a un acuerdo entre los monjes y el fisco real, concediendo la libertad a la tripulación y la restitución del barco.

La enfermedad de Balboa
En abril de 1694 su historia da un giro total. Balboa sufrio una infección urinaria bien importante y en escritos cuentan que quería ir al Monasterio de Melón a curarse. El abad de San Martiño Pinario, Xoán de Landa, ya le tenía ganas y no iba a dejarlo ir tan fácil.
En un discusion muy intensa en el monasterio, Balboa, ya desesperado por no poder partir. Pero el plan, tuvo un fallo, no contaba con la acción justicia también. Lo arrestan pero, alegando lo mal que estaba de la salud, recurrió a sus influencias y contactos, para rebajar la condena.
Y es que aparte de ser monje y contrabandista, Gregorio Balboa, lograba moverse con soltura en los asientos del poder. Esto dilato la condena pero no pudo librarse de ella.
Sentencia
Finalmente, se abrió un caso contra Gregorio Balboa por contrabando, fue encarcelado y declarado culpable a finales de año. Buena suerte para la historia porque gracias a esos papeles, los historiadores reconstruyeron la historia después.
Un pionero en el negocio ilegal
Gregorio Balboa murío en Madrid en 1696. Pero su marca en la historia es única. La de ser el primer contrabandista de España, y todo perfectamente documentado.
Lo paradójico de esta historia es que nadie pensaría que el padre de una actividad que distinguiría a las rías gallegas durante siglos no era marinero, ni comerciante. Fue…un monje.
Y es que el desde siempre uvo claro que entre oraciones, barriles y barcos, siempre hay sitio para algún negocio extra.
Mientras otros monjes nos legaron manuscritos y sermones, Gregorio Balboa nos entregó otro tipo de historia.






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