13 enero, 2026

Blog de Galicia Máxica

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Galicia, el lugar que elegí para quedarme

Galicia es un Hogar al que Siempre Volverás.

No puedo señalar el momento exacto en que decidí quedarme en Galicia. En realidad no fue una decisión, más bien una constatación.

Galicia es tu destino

Hogar

Galicia existía mucho antes que yo y seguirá existiendo, pero hubo un tiempo en que se coló silenciosamente en mi alma. Era una niña muy introvertida, muy tímida que esperaba con ansias que terminara el colegio, no para escapar, sino para volver. Para volver a mi playa favorita, al verano, simplemente para pertenecer.

Mar

El verano era sinónimo de Playa. Ahí era donde me juntaba con toda mi familia ¡Venían de todas partes y de todas las épocas! Primos de todas las edades, risas que ignoraban los relojes, toda una infancia condensada en largos días descalzos. No era la más pequeña, pero sí la pequeña acompañante, al que mis primos mayores, Sonia y José Manuel, cuidaban pacientemente. Me llevaron en brazos mientras el mundo se sentía vasto y seguro.

Familia

Luego estaban todos los demás,Tati, Isra, Vero, mi hermano Jorge, Marito, Vane, Yesi, Cristian, formando una constelación familiar que aún brilla con fuerza en mi memoria. Éramos verano. Éramos una tribu. Éramos invencibles.

Recuerdo

Me acuerdo del descapotable de mi tío Jose. El viento entraba sin permiso y las vistas nos dejaban alucinados. Íbamos un poco apretados, pero contentos, sintiendo que el mundo era grandísimo y nuestro a la vez. Cada curva nos mostraba algo nuevo que se nos quedaba grabado, como si Galicia se estuviera tatuando en nosotros.

A Lanzada era imponente, con esas olas enormes que parecían no tener fin. Era una playa que nos quedaba grande, donde el mar te hacía sentir pequeño y te recordaba quién manda. Observábamos las olas con cautela, reconociendo que no todo se puede dominar, pero sí admirar.

Luego estaba Bascuas, casi siempre vacía, como si nos estuviera esperando, nuestra primera playa. Esa sí que era nuestra playa, tranquila y recogida, con el sonido suave del mar y un ambiente de paz. Tenía una ducha natural en la roca, con agua fresca y cristalina, perfecta para quitarnos la sal después de un chapuzón.

Cada playa nos enseñó algo diferente. A Lanzada nos mostraba nuestra pequeñez, mientras que Bascuas nos hacía sentir más tranquilos, luego apareció Montalvo y se transformó en casa. Sin darnos cuenta, aprendimos que Galicia se divide en lugares que te desafían y lugares que te abrazan. Ambos importantes. Ambos inolvidables.

Acantilados

Estaba la roca del cocodrilo, ahí esperándonos siempre, como si fuera un amigo. La saludábamos al llegar, como si supiéramos que era nuestro sitio secreto para bañarnos en el mar. Y luego, la tienda de Carlos. Esas tiendas que anotaban en libreta y que con el tiempo se convirtieron en parte de una más grande. Era nuestro 24/7 Allí comprábamos meriendas gochas o chuches, de todos los colores y sabores, que terminaban pegajosas en los bolsillos, pero nos hacían sonreír un montón.

Productos

Las fresas eran otro rollo. Le comprábamos a la señora unas cuantas y luego las cogíamos nosotros mismos. Agachados, nos llenábamos las manos y la ropa de jugo, disfrutando del momento. No teníamos ninguna prisa, solo nos reíamos y sabíamos que estábamos justo donde debíamos estar.

Fiestas

¿Y las fiestas? En Galicia no se organizan, simplemente ocurren de ahí que hayan nacido tantas en mi tierra porque sí. Reuniones donde siempre hay espacio para uno más.

Y las fiestas de Portonovo y Sanxenxo…Noalla, A Lanzada, O Grove…Un no parar. Música, luces y ganas de pasarlo bien. Ahí fue donde se me cayó mi primer diente, porque quise subirme a un coche de choque antes de tiempo. Crecer también era eso, perder algo pequeño para tener un recuerdo genial.

Todo sigue ahí. La roca, la tienda, las fiestas…No como sitios exactos, sino parte de mí. Porque Galicia no solo se ve, se vive, se recuerda y se lleva siempre en el corazón.

La queimada

La fiesta de la queimada familiar no arrancaba con la noche, sino antes, al caer la tarde, cuando se sentía en el aire que algo especial iba a pasar. Los mayores se juntaban cerca del pote, y nosotros, los niños, dábamos vueltas alrededor, sin molestar mucho, pero siempre cerca. Éramos como pequeños planetas dando vueltas alrededor de una luz que aún no estaba ahí, pero que ya nos llamaba. Galicia es así.

Cuando el licor se encendía, el fuego azul subía poco a poco, con calma, y todo se ponía más lento. No se entendían bien las palabras del conjuro, pero no importaba. Con oír el tono y ver cómo el fuego respondía, cómo las sombras se movían por las paredes, era suficiente. No sabíamos qué estábamos espantando, pero sentíamos que era importante.

Hecha a tu medida

Nadie nos decía que nos calláramos. Aprendíamos mirando, grabando todo sin querer. El humo se mezclaba con las risas (Qué risas!), con el olor dulce y fuerte del licor, con la noche que caía poco a poco. Allí, alrededor de la queimada, no importaba la edad ni las carreras, solo estar juntos, ser parte de algo que venía de atrás y seguiría después.

Memoria

Tal vez por eso esas noches se quedaron tan grabadas. Porque mientras los niños jugábamos alrededor del fuego, creyendo que solo estábamos jugando, la memoria se iba guardando despacio, como una brasa. Y sin darnos cuenta, entre llamas azules y palabras viejas, aprendíamos que hay costumbres que no se cuentan, se viven, se comparten y te acompañan siempre.

La noche de San Juan

La noche de San Juan siempre se siente como un adiós y un ¡hola! a la vez. Llega justo cuando las clases terminan y el verano está a la vuelta de la esquina. Sabes que no es solo una fogata, es como pasar a otra cosa.

Arrojamos los apuntes al fuego sin pensarlo mucho, esas hojas repletas de tareas, apuros y tardes eternas deseando estar en otro sitio. Ves cómo el papel se dobla y se prende rápido, y te sientes más ligero, como si el fuego se llevara todo el cansancio del año.

Y luego estaban los chupetes tirados a la hoguera como promesa del soltar una etapa. Recuerdo el «Ya no los necesitas, es hora de dejarlos ir para crecer» . Los tirábamos al fuego entre risas nerviosas y miradas cómplices. Nadie lo dice, pero sabemos que algo está cambiando. Que después de esto, ya no seremos los mismos.

El fuego se hace más grande, las chispas vuelan hacia el cielo oscuro y a nuestro alrededor se mezclan voces, saltos y deseos que no decimos. San Juan no pregunta nada, solo acepta lo que le das y lo transforma.

Noche

Cuando la noche termina y las brasas se apagan, te queda una sensación rara, como si hubieras dejado atrás una parte de ti para seguir adelante con menos peso. Y así, entre fogatas y el verano que empieza, aprendemos que crecer también es saber cuándo hay que decir adiós.

Paisaje

Recuerdo la brisa constante del atardecer, como si Galicia respirara lentamente. Noches estrelladas de verdad, el acantilado y el cocodrilo, una roca ante la que nos inclinamos al llegar, nuestra piscina secreta, nuestro acuerdo silencioso con el mar. ese que sabíamos cumplir cuando se agitaba y no quería nuestra compañía.

Algunos paisajes son inolvidables porque no están hechos para ser recordados, sino para formar parte de tu interior, de ti.

El interior

Entonces llegó Berto, trayendo otra cara de Galicia. Compartí con él todo lo que me hacía feliz, todo lo marcado por la sal y la espuma del mar. Él me mostró el verde, el verde intenso, profundo, casi sagrado del campo. Me enseñó a amar los ríos, a escuchar su lenguaje pausado, y me llevó a vivir junto al más importante, el Miño, donde el agua no se precipita, sino que te acompaña.

Allí comprendí que Galicia no es solo costa o montaña, es equilibrio, espacio y hogar.

Por eso me quedo.

Por eso la comparto siempre contigo porque me hace feliz a mi, y quiero que te lo haga a ti.

Rutas

Porque Galicia te ofrece lo que no sabías que buscabas, la calidez del silencio, el lujo de la tranquilidad, la sensación de que la naturaleza no solo te rodea, sino que te sostiene. Hay muchísimas rutas sin compromisos, muchísimos paisajes y una certeza, todo aquí está vivo, se comunica.

Gastronomía

La comida no se trata de sorprenderte, se trata de cuidarte. Manos expertas, productos que cuentan historias, largas mesas donde el tiempo se sienta a comer. La gastronomía de Galicia siempre enamora.

Felicidad

Galicia no promete la felicidad, la permite y la regala.

Por eso hablo tanto de mi vida cuando hablo de ella. Porque Galicia no se explica con hechos, sino con el corazón. Ven a esta tierra si quieres ser feliz sin ruido, si buscas un abrazo sincero de la mejor naturaleza, si entiendes que una vida sencilla puede ser inmensamente rica.

Cura

Elegí Galicia para vivir. Y sin darme cuenta, me curó cuando más lo necesitaba. Ahí lo entendí todo. Yo la había escogido a ella…Pero Galicia ya me había elegido a mí para siempre.