24 abril, 2026

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El día que me olvide de la capital de Galicia

Es curioso cómo las preguntas más sencillas a veces te dejan en blanco. Imagina un juego entre amigos y alguien suelta la pregunta de Trivial: “¿Cuál es la capital de Galicia?”. Y de repente, silencio. Te quedas mirando al infinito, casi esperando que el aire del norte te traiga la respuesta 😄.

Si te ha pasado alguna vez, no te sientas mal. Es parte del encanto de Galicia: no se deja conocer fácilmente por cualquiera, solo por aquellos que de verdad la aprecian y la viven.

El dato rápido es que actualmente, la capital oficial es Santiago de Compostela. Pero, y esto es lo interesante, el camino hasta aquí ha sido largo. ¡Durante mucho tiempo fue otra muy distinta!

Cuando Galicia no tenía capital

Tiempos romanos y Gallaecia

Si nos remontamos a la época de los romanos, la cosa era distinta. Galicia formaba parte de la provincia de Gallaecia, y la ciudad que cortaba el bacalao era Bracara Augusta. Sí, la actual Braga, en Portugal. Y es que Galicia siempre ha sido así de expansiva; nunca se llevó bien con las fronteras, el mundo era suyo y punto.

Pero, ¿»capital» como tal? Nada. Aquello funcionaba más bien bajo la filosofía de «cada uno a lo suyo, pero eso sí, con unas calzadas muy bien hechas».

Edad Media

Tampoco os vayáis a creer que durante la Edad Media la cosa mejoró mucho. Galicia seguía sin tener una capital clara; el poder era una especie de nómada que iba saltando de ciudad en ciudad según por dónde soplara el viento. Dependía de qué obispo mandara más, dónde estuviera el rey en ese momento o, por qué no decirlo, de quién tuviera la mejor cosecha de vino ese año 🍷. Es verdad que Santiago de Compostela empezó a sacar pecho gracias al boom del Camino, pero se las veía venir con pesos pesados de la talla de Tui o Mondoñedo, que no estaban dispuestos a dar su brazo a torcer tan fácilmente.

En el siglo XIX

Ya en la Edad Moderna y especialmente en el siglo XIX, la cosa se puso interesante. Galicia se dividió en provincias, y cada una con su capital:

  • A Coruña
  • Lugo
  • Ourense
  • Pontevedra

Pero claro, esto no resolvía la gran pregunta: ¿y la capital de TODA Galicia?

Pues… seguía sin haber una oficial clara. Era como una familia gallega decidiendo dónde comer, todos opinan, nadie cede.

Y finalmente… Santiago gana (pero sin hacer mucho ruido)

Siglo XX

No fue hasta el siglo XX, con la autonomía, cuando se consolidó que Santiago de Compostela fuera la capital política (sede de la Xunta y el Parlamento).

Hablo por autonomía del Estatuto de Autonomía de Galicia, aprobado el 6 de abril de 1981, define a Galicia como una nacionalidad histórica que se constituye en Comunidad Autónoma, asumiendo su autogobierno dentro de la Constitución Española.

Y lo mejor es que no fue una victoria épica con espadas ni nada… fue más bien un “bueno, venga, que sea Santiago y vamos probando”. Y probando Galicia se dio cuenta de que era la elección correcta, la capital se afianzo en nuestro corazón.

En resumen:

La verdad es que Galicia se pasó siglos sin tener una capital clara. Después vinieron las capitales de provincia, y ya mucho más tarde, se eligió una definitiva. Así que, si alguna vez te preguntan y dudas, no te compliques: responde un buen «depende». Es la respuesta más gallega que existe y, curiosamente, en este caso es la más acertada 😉.

Porque, admitámoslo, todos tenemos en mente ese mapa alternativo de capitales que todos conocemos. Está Vigo, por supuesto, reclamando su trono por ser la ciudad más grande. O Ourense, que entre sus termas y sus vinos es la indiscutible «Capital del Buen Vivir» (ahí no hay debate o sí, porque ahí está Bembrive y su buen vivir). Luego tienes a Lugo, la «Capital de la Paciencia», porque a ver quién es el guapo que no tiene que dar una vuelta entera a la muralla para encontrar por dónde entrar. Y, cómo no, A Coruña, siempre con ese aire de «yo podría ser la capital perfectamente, ¿quién si no?». Incluso O Carballiño tiene su hueco como la «Capital del Pulpo», y esa sí que no tiene discusión.

Y probablemente acabaríamos con capitales infinitas, una por cada orgullo local, y aún así shabría debate en la sobremesa.