Algunos viajes, se emprenden con los pies… otros son solo para la mente imaginativa. Y éste, es uno de esos.
Antes de comenzar, guarda bien esta entrada. No es una entrada más, ni un simple paseo por el patrimonio. Es un viaje hacia lo que no se ve, lo que permanece escondido, incluso aunque lo mires directamente.
Hay sitios prohibidos al visitante. Espacios cerrados, secretos atesorados por siglos, rincones donde el tiempo se detuvo… o fluye de otra forma. Eres afortunado cuando se te permite acceder a ellos.
Bienvenido al lado escondido de la Catedral de Mondoñedo.
Hoy no explorarás la catedral de forma habitual. No seguirás los caminos trazados, ni te pararás donde los otros se detienen. Hoy toca cruzar barreras invisibles, y vislumbrar ese corazón oculto latiendo debajo de suelos, y encima de bóvedas.
El capitel secreto
Lo que estás por descubrir, pertenece a ese mundo. El del secreto guardado, el del momento justo y el del que lo hizo posible al compartir.
Se sabe que algunos capiteles acabaron usados como canecillos o piezas sueltas tras reformas posteriores.
Estos no estén erosionados… sino “decapitados” a propósito
El misterio de los Canecillos sin rostro
Hay secretos que aguardan a ser desvelados y aquí el desgaste del tiempo nada tuvo que ver. Una mano firme, quizá temerosa, que subió hasta ellos con una herramienta y descargó golpes precisos, repetidos, casi rituales. No destruyó los cuerpos. No derribó las formas. Fue directamente al rostro. A los ojos. A la boca. Como si lo importante no fuera borrar la figura, sino anular su identidad.
Tal vez, en algún momento, alguien creyó que aquellas caras no eran simples adornos. Que miraban demasiado. Que, al caer la noche, cuando la niebla sube desde los valles de Lugo y se enreda en las piedras, aquellos rostros devolvían la mirada.
Y entonces surgió el miedo.
El mismo miedo antiguo que lleva a tapar espejos, a cubrir imágenes, a tachar nombres. El miedo a que lo representado deje de ser símbolo… y empiece a ser presencia.
El esqueleto interior del tejado

Un sitio al que casi nadie ha entrado jamás. Un sitio existente… aunque muchos ignoren su existencia.
Así que prepárate.
Porque lo que estás a punto de ver no aparece en las guías, tampoco se enseña en las visitas, durante mucho tiempo, simplemente no se podía contar.
La habitación de los guardianes del templo
¿Sabías que había en ella una habitación donde dormían sus guardianes?
Los guardianes o serenos de la Catedral de Lugo solían dormir en dependencias habilitadas dentro del propio conjunto catedralicio. Estas viviendas permitían la vigilancia constante del edificio, sus tesoros y el acceso a la zona alta para vigilar la ciudad.
Por lo general este tipo de lugares solían estar ubicados en las torres o en habitaciones situadas sobre las capillas
Si hablamos de la Catedral también debemos hacerlo de Valentín, él se meció entre campanas, desde bien pequeño Sacristán por devoción, comenzó a hacer de la catedral su mapa de tesoros particular, conociendo cada esquina, cada historia y custodiando en el tiempo su historia.
Valentín Insua Palacios, sacristán y campanero del templo
Era apenas un crío cuando Valentín Insua empezó a subir los peldaños del campanario de la catedral de Mondoñedo. Lo hacía siguiendo a su tío, casi en silencio, como quien se adentra en un lugar sagrado. Allí arriba no solo se aprendía un oficio, se aprendía un lenguaje.
Ese oficio, heredado de su padre, pasó después a sus manos. Y hoy lo comparte con su cuñado, José Ángel López, manteniendo viva una tradición que resiste, casi a contracorriente, en un mundo donde todo se automatiza y se olvida. Porque ya son muy pocas las catedrales (tres en toda España) en las que las campanas siguen hablando a mano.
Y en Mondoñedo, mientras haya alguien como Valentín, seguirán haciéndolo.
Porque las campanas no solo suenan. Las campanas dicen cosas. Y son patrimonio.
Valentín Insua es también el relojero oficial de la catedral y su tarea consiste en mantener a punto el reloj de la fachada lateral, una reliquia de 1863.
La campana Paula
No todas las campanas tienen nombre. En la Catedral de Mondoñedo en Lugo hay una que sí, “La Paula”. Es la campana mayor, documentada desde finales del siglo XVI, y durante siglos ha sido la voz del pueblo.
Aquí nunca se electrificaron, aún hoy suenan a mano, como siempre, gracias a campaneros como Valentín Ínsua, heredero de una tradición de más de 80 años.
La Paula no es solo una campana, es memoria, lenguaje y un símbolo vivo de un patrimonio único reconocido por la UNESCO.
Respiraderos que suenan como las ballenas
¿Sabías que el techo de la nave central tiene respiraderos?
Dicen que cuando hace viento puedes oir el sonido de una ballena.
El ábside del templo
Hay lugares que siempre estuvieron ahí solo para los afortunados, os presento el ábside del templo que no es accesible al público.
Pasadizo del reloj y pozo del reloj
El estrecho pasadizo que da al reloj y al campanario
Los tejados
La capilla episcopal
Si hablamos de belleza escondida aquí la vas a encontrar.



















Relacionado
A Domus do Mitreo en Lugo
Las entrañas de la Catedral de Santiago de Compostela custodían un gran tesoro, una necrópolis.
Los tres miradores mágicos de A Caniza