Que llevar la casa a cuestas cada vez es más sencillo lo sabemos que disponer de una Van Van Go es lo mejor que te puede pasar también.
Todo comienza con fotos de recuerdo, un viaje de Adhara con su padre que guardamos todos en la memoria. Esos paisajes de Galicia bajo la lluvia… Porque sí, nos llovió, pero, como decía Berto, ¡tuvimos la suerte de Galicia Máxica! Nos reíamos mucho con su frase mantra.. Cada vez que llegábamos al lugar que queríamos descubrir, dejaba de llover. Y así, entre nubes, claros y paisajes, hicimos el mejor de los viajes.
Y todo a bordo de una autocaravana que era un camión andante, pero con una conducción tan manejable que hasta llegamos a pensar en utilizarla a diario. ¡Es broma, pero casi!

Ahora Adhara empieza otra etapa, la de viajar en pareja, descubrir el mundo a su manera y crear los mejores recuerdos.
Han elegido una camper, más práctica y cómoda, perfecta para empezar a familiarizarse con esta manera de viajar y descubrir que, cuando llevas la casa contigo, cualquier lugar puede convertirse en una aventura.
Eligieron la «Camper Nomade Nation» y se lanzaron a la aventura .
Como sé que esta ruta te va a gustar y que, tarde o temprano, te vas a hacer su viaje, la comparto, porque yo también lo haré.
Os cuento sus paradas estrellas, porque tiene tela y de la buena.
Un fin de semana largo. El del Puente del Pilar
Una vez alquilas tu camper te toca el recogerla. Adhara y Ángel se fueron a por ella el sábado A Coruña
Estaca de Bares.
Empezaron por ese rincón donde Galicia se asoma al mar con toda su fuerza, donde el Atlántico y el Cantábrico se encuentran y el viento parece querer contarte historias de todos los barcos que pasaron por allí.
Estaca de Bares es un lugar para quedarse un rato mirando al horizonte y entender por qué nuestra costa tiene algo que engancha.
Fuciño do Porco, en O Vicedo
De allí pusieron rumbo a Fuciño do Porco, en O Vicedo.
El acceso habitual forma parte de la Senda Azul que comienza en la playa de Abrela. Desde la zona de aparcamiento se continúa a pie durante aproximadamente 1,3 kilómetros hasta las pasarelas, que recorren unos 400 metros por el tramo más escarpado de la punta.
Existe también la posibilidad de acceder desde la playa de San Román y enlazar con el sendero.
Es un recorrido para disfrutar sin prisas, prestando atención a las escaleras, los desniveles y las condiciones del terreno, especialmente cuando está mojado.
Pasarelas que serpentean entre acantilados, el mar abajo y esas vistas que hacen que te olvides de todo lo demás.
De esos sitios en los que vas caminando, paras cada dos pasos para hacer una foto y terminas pensando que ninguna imagen le hace justicia a lo que tienes delante.
Fuciño do Porco es una de esas puntas de la costa gallega donde el paisaje permite comprender la estrecha relación que siempre ha existido entre el mar y quienes lo han navegado.
Acantilados de Loiba
Siguieron por Loiba, porque hay lugares que no necesitan grandes presentaciones.
Aquí Galicia se muestra sin adornos. Los prados verdes terminan de golpe sobre paredes de roca que caen hacia un Atlántico inmenso, indomable, siempre en movimiento. Abajo, las olas dibujan espuma entre las piedras; arriba, el viento recorre la costa como si conociera cada secreto que guarda.
Entre sus rincones aparecen pequeñas playas escondidas, cuevas excavadas por la fuerza del océano y miradores desde los que cuesta apartar la mirada. En Punta da Pena Furada, la roca y el mar han ido creando formas sorprendentes, mientras que en O Coitelo espera el famoso banco desde el que sentarse a contemplar el mundo parece, por un momento, el mejor plan posible.
Pero Loiba es mucho más que una fotografía bonita. Es ese lugar donde te quedas en silencio sin darte cuenta, donde respiras hondo y sientes que el mar tiene el extraño poder de poner algunas cosas en su sitio. Quizá por eso cuesta marcharse.
Cuando tienes delante tanta inmensidad, comprendes que hay paisajes que no necesitan grandes monumentos ni palabras extraordinarias.
Acantilados, mar abierto y esa sensación de estar ante una Galicia inmensa, salvaje y preciosa. Y, por supuesto, una parada en el famoso banco de Loiba, que ya sabéis que sentarse allí es tener el mundo delante de los ojos.
La playa de As Catedrais
Continuaron hacia la playa de As Catedrais, en Ribadeo, donde el mar lleva siglos haciendo su trabajo sin pedir permiso a nadie.
Cuando baja la marea, el Cantábrico deja al descubierto un mundo que durante horas permanece escondido bajo sus aguas.
Arcos, cuevas y paredes de roca que parecen sacadas de otro mundo. Eso sí, aquí hay que mirar las mareas antes de ir, porque el espectáculo de caminar entre sus formaciones depende de que la bajamar lo permita.
Hay catedrales levantadas por el ser humano y otras que el océano lleva siglos construyendo sin más herramientas que el agua, el viento y el tiempo. Y esta, en la costa de Lugo, es una de las más impresionantes que podemos contemplar.
Y cuando pensaban que Galicia ya les había regalado suficientes paisajes, decidieron cruzar la frontera y saltar de comunidad para visitar Asturias por primera vez.
¡Y han venido encantados!
Asturias- Cudillero
Porque Asturias tiene algo que a los gallegos nos enamora. Y no, no es solo la sidra, aunque tampoco vamos a despreciar un buen culín.
Son sus montañas, sus playas, sus pueblos marineros, sus carreteras entre verdes imposibles y, sobre todo, sus gentes, que tienen esa manera de hacerte sentir como en casa sin necesidad de conocerte de toda la vida.
Eligieron Cudillero, que les caló hondo.
Sus casas de colores trepando por la ladera, el puerto abrazado por las montañas, sus callejuelas empinadas y ese ambiente marinero que parece resistirse a que el tiempo pase demasiado deprisa.
Cudillero es de esos lugares en los que uno llega para conocerlo y termina llevándose un recuerdo que no sabe muy bien dónde guardar, pero que se queda dentro.
Y así, entre kilómetros, paisajes, paradas improvisadas y noches en su camper, fueron haciendo un viaje de esos que se disfrutan de verdad.
Sin necesidad de correr, dejando que cada lugar les regalase lo suyo y descubriendo que, a veces, la mejor parte de viajar no es llegar a un destino, sino todo lo que te encuentras por el camino.
¿Quién necesita un hotel cuando llevas la casa a cuestas y el paraíso le espera al otro lado de la ventana?
Yo me apunto esta ruta, que Galicia y Asturias juntas son mucha tentación para una sola vida. Y cuando la haga, ya os contaré, que una cosa es que te lo cuente tu hija y su novio, y otra muy distinta es vivirlo.
Porque hay viajes que empiezan soñándolos para luego arrancar el motor. Esos se quedarán contigo mucho después de haber aparcado.


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