Muy secreto no es. Todo gallego sabe (aunque no lo haya visto) que el Capitán Nemo existe y que está flanqueado por los buzos… pero no solemos andar pregonándolo.
También os digo una cosa, son pocos los que pueden demostrarlo con una imagen.
Muchos conocen la isla de San Simón y la playa de Cesantes. Caminaron por sus orillas, experimentando la serenidad de la ría y observando aquel panorama que parece estar detenido en el tiempo. Pero hay algo más de lo que no muchos se percatan. Así que, ya es momento de dedicarle una entrada.
Las fotos son antiguas, embellecidas por los mejillones y las algas que se empecinaron en no salirse del encuadre. A mi así me encantan.
El Capitán Nemo y sus buzos
Debajo la imponente imagen del Capitán Nemo, firme cual protector de otros universos, se oculta una narrativa que respira debajo del agua. Allí donde la marea se eleva y desciende cual un antiguo aliento, aparecen y se van sus buzos, empecinados en encontrar el tesoro.
Nemo, mirando atentamente desde arriba. Un par de buzos, investigando las profundidades oceánicas. Todo fusionado en el entorno, y participando con el compás de las mareas, ya ves, esto sin es arte en movimiento. Un ahora me ves, ahora ya no. No son simplemente esculturas, sino retablos del pasado.
Inauguración 2004
Os diré que este peculiar grupo escultórico fue inaugurado en el 2004, como un tributo a Julio Verne y a su fabuloso libro Veinte mil leguas de viaje submarino (1870).
Las esculturas fueron creadas por el gran Moncho Lastra (Moncho García Merino) ese escultor gallego que fue conocido por su capacidad para integrar sus obras en el entorno natural, desde aquí mi agradecimiento a su gran legado. Las esculturas fueron fundidas en bronce por Sergio Portela.
La estatua del Capitán Nemo (sobre el pedestal) ronda los 800–1.000 kg sin contar la base de piedra. Y cada uno de los buzos pesa aproximadamente entre 300 y 500 kg.
Restauración octubre de 2025
En la actualidad se han restaurado con una inversión de 14.500€ ya que nos asaltó un miedo tremendo a que se estropearan y estos crustraceos en combinación con el medio en el que habitan (hace 21 años) las dañasen.




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