Galicia en otoño es realmente espectacular. Todo el mundo parece pensar que la belleza de Galicia reside en el buen tiempo que nos regala el verano, pero el otoño es la estación en la que respiras hondo y despides el verano, susurrando: «Ahora, toca sentir más despacio». Llegó la estación más bonita del año.
Los bosques gallegos resplandecen, los ríos se mueven más bulliciosos en esta estación, llenándolo todo con sus bailes, incluso las montañas parecen flotar abrazando la tenue bruma. La famosa neboa gallega ya está aquí para embellecer sus paisajes.
Lugares que vale la pena visitar en Galicia durante el otoño
Mi tiempo allí fue más tranquilo, con auras seguro, así pude explorar todo lo que quise sin preocupaciones. En la quietud del momento, la música de la tierra y el murmullo de los vientos fluían en mi tiempo sin prisas, como el que toma su bebida favorita a sorbitos para que no se acabe deprisa y pueda alargar mucho más el momento. Absorto en el silencio, deseaba detenerme en cada rincón sin pensar en el paso del tiempo. Yo, con mi café al amanecer, absorto en el paisaje gallego, me dejaba enamorar con cada puesta de sol, con cada atardecer mágico que me invitaba a los mejores sueños en el paraíso, disfrutando de un buen vino.

Santiago de Compostela.
Santiago cambia con la llegada del otoño, sobre todo en la primera semana de octubre. Es un remanso de paz. Las multitudes veraniegas han desaparecido y las calles están más tranquilas que antes. El aire huele a castañas asadas y a tierra fresca, el petricor hace acto de presencia y lo inunda todo con su aroma. La lluvia crea el misticismo en el paisaje y la niebla parece adherirse al suelo como un manto que se despliega para darte la bienvenida, un abrazo que sientes en las entrañas, como el que espera, nervioso, lo que sucederá ahora.
Resuenan los ecos de los pasos, y ahora los tuyos se vuelven una danza que lo conquista todo a su paso. Los corazones de las calles envueltas en la niebla laten lentamente, el tiempo no se detiene, pero notas como se ralentiza poco a poco, como quien espera que suceda lo mejor, como aquel que está a punto de recibir el mejor de los regalos … Así es Galicia, siempre moviéndose en ese ritmo propio que te llena el alma cuando la sientes.

Rías Baixas
Solía creer que la costa de Galicia solo era hermosa en verano, pero las Rías Baixas me demostraron lo contrario. Las playas de verano son bulliciosas, en otoño se muestran tranquilas, solitarias…solo para ti. La luz es suave y el océano tiene un delicado brillo plateado que hipnotiza.
Ya la vid se muestra sin racimos cambiando de colores, vistiéndose cada día de forma diferente y delicada. Antes se mostraban en ella racimos rebosantes de uvas listas para vendimiar, ahora se han convertido en la mejor bebida que probarás, los viñedos son realmente encantadores.
Ahora recuerdo con morriña ese pequeño viñedo de albariño, en el que participé en una cata de vinos. Fue como una conversación íntima con la tierra gallega, con su esencia. También me encontré en mi estancia con una pequeña fiesta del marisco mientras me dirigía a los muelles y los pescadores recogían las redes. Todo se presentaba entre risas y música en vivo, incluyendo el famoso pulpo y los mejillones recién hechos. Y es que Galicia huele a marisco, Galicia es azul, y lo sentí en esa tranquila navegación en barco. Gaviotas volando, el sutil vaivén del barco y el tranquilo sonido del agua. Es el tipo de serenidad que buscaba, esa que nunca te satura y te carga de energía.

Lugo
Lugo te hace sentir como si viajaras en el tiempo. Caminar entre las murallas romanas, tan bien conservadas, es una experiencia absolutamente mágica, que no solo se graba en la retina, sino que también lo hace en el corazón.
Dentro de las murallas, la ciudad es acogedora y cálida como el abrazo de una madre. Los bares, que aún ofrecen tapas gratis con las bebidas, saben mejor y se disfrutan aún más con el aire fresco del otoño. Si tiene suerte y tu viaje coincide con el San Froilán, verás como las calles se llenan de gaitas y visitarás ferias gastronómicas. Galicia es fiesta.
Me enamoraré del solo caminar, de saborear y de escuchar; de sentir como la historia y la vida en Lugo, van de la mano.

Ourense
El otoño en Ourense se centra en sus aguas termales. Piscinas con agua caliente que adornan las riberas del río Miño, y nadar en ellas es como ser abrazado calurosamente por la tierra.
Pasé una tarde saltando entre los baños de Outariz y A Chavasqueira, sumergiéndome, relajándome y dejando que el tiempo transcurriera perezosamente. Rodeado de hojas de otoño y conversaciones profundas, era el tipo de tranquilidad que te hace olvidarte de la rutina, de frenético mundo exterior.

O Courel y Ribeira Sacra
O Courel y Ribeira Sacra me sorprendieron muy gratamente. Los colores el ámbar, el amarillo, el rojo óxido, los dorados…las mil y una tonalidades en verdes, realmente te hacen sentir como si estuvieras deambulando dentro de un cuadro. Los pequeños monasterios se esconden entre los árboles, mientras que los viñedos se aferran a las escarpadas riberas del río.
Esto es lo que hice y disfruté al máximo: caminar por bosques de robles y castaños, escuchando el susurro de las hojas bajo mis pies.
El Pasear por los viñedos escalonados y conocer a las personas que con mimo cultivan sus uvas.
Descubrí los monasterios más secretos, escondidos entre árboles y rodeados de montañas.
Navegué en kayak por los cañones del río y disfruté lentamente con todos los colores otoñales.
Cada instante rebosaba vivacidad y vitalidad. Galicia era natural, sin pretensiones, y absolutamente maravillosa.

A Coruña
Una sorpresa llegó con A Coruña. Esperaba otra Coruña, pero el otoño desveló el carácter de la ciudad y transformó la atmósfera. El aire era fresco, la gente enérgica y las olas rompían en la playa. Nunca pensé que me iba a impactar tanto la Torre de Hércules, la había conocido a través de tus fotos pero puedo afirmar que es magnífica e impresionante. Subirla en un día ventoso es una aventura fantástica.
Caminé por el malecón. Exploré museos sencillos y luego descansé en una taberna acogedora al final del día, comí pulpo a la feira y bebí vino de Ribeiro. La historia entrelazada, las risitas y la brisa marina crearon un ambiente vibrante, agradable y, a la vez, íntimo, perfecto para despedir mi otoño en Galicia. El secreto mejor guardado de Galicia es vivir sus estaciones porque se transforma para ti, se viste de gala para la ocasión y te regala con cada una de ellas una nueva mirada, volveré!

Elegir Galicia en otoño, pero ¿por qué ?
Galicia en otoño se define por la tranquilidad. Es el ser. Los bosques ofrecen castañas. Las pequeñas tabernas sirven vino. La niebla cubre los ríos. Todo te ralentiza el ritmo de la mejor manera posible.
Sin multitudes, con una luz más suave y la zona despertando a la belleza y la calidez del día, los espléndidos paseos te permitirán detenerte, escuchar y disfrutar del momento.


Relacionado