La Xunta de Galicia ha emitido un aviso y recomendaciones debido a la ola de calor que está afectando especialmente a la provincia de Ourense entre el 28 y el 31 de mayo.
Se espera que Ourense enfrente temperaturas excepcionalmente altas para finales de mayo, con máximas que podrían alcanzar o incluso superar los 35 °C el jueves 29 y el viernes 30. Este episodio de calor es parte de un fenómeno más amplio que está afectando a gran parte de la Península Ibérica, donde las temperaturas están significativamente por encima de lo que es habitual para esta época del año. La Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) ha advertido que estos días serán los más calurosos del episodio, con máximas previstas de 35 grados en la meseta norte y temperaturas aún más elevadas en otras regiones del país.
Ola de calor
Este episodio de calor extremo es inusual para mayo y se debe a una combinación de factores, como una masa de aire cálido que proviene del norte de África y condiciones anticiclónicas que generan una fuerte insolación. Según la AEMET, este fenómeno se posicionará entre los tres peores registrados en mayo desde al menos 1950.
Por eso, quiero compartir contigo esta entrada llena de consejos útiles y recomendaciones prácticas para que puedas sobrellevar mejor las altas temperaturas, cuidar de tu salud y proteger a quienes te rodean.

Cada año, las olas de calor parecen volverse más intensas, más largas y más difíciles de soportar. Ya no se trata solo de días calurosos, estamos hablando de temperaturas extremas que impactan nuestra salud, nuestro estado de ánimo e incluso nuestro entorno.
Cuando el aire se siente como fuego y las noches no ofrecen alivio, necesitamos más que ventiladores o duchas frías. Requerimos conciencia, prevención y solidaridad. Sobrevivir a una ola de calor no es solo una cuestión de comodidad; a menudo, es una cuestión de salud…y de vida.
¿Qué es una ola de calor?
Una ola de calor no es solo un día que se siente especialmente caluroso. Se trata de un episodio en el que las temperaturas son anormalmente altas, tanto durante el día como en la noche, y que se mantiene durante al menos tres días seguidos, afectando a una parte considerable del territorio. La Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) define una ola de calor cuando se superan ciertos umbrales de temperatura máxima en una zona específica, comparándolos con sus valores históricos.
En Galicia, donde el clima ha sido tradicionalmente templado y húmedo, especialmente en la costa atlántica, estos fenómenos solían ser bastante raros. Sin embargo, en los últimos años, hemos visto un aumento notable en su frecuencia e intensidad, incluso en áreas donde antes no se imaginaban.
Las olas de calor han llegado para quedarse, y en Galicia, una región que siempre se ha caracterizado por la frescura de sus paisajes y su clima templado, este cambio nos recuerda que nadie está a salvo de las consecuencias del cambio climático.
La temperatura media en Galicia ha subido alrededor de 1,5 °C en los últimos 40 años, según estudios del Centro de Investigación Forestal de Lourizán y datos de MeteoGalicia.
En 2022, Galicia experimentó uno de los veranos más cálidos desde que se tienen registros, con varios episodios de ola de calor, especialmente en el interior, como en Ourense, donde se superaron los 42 °C.
El número de noches tropicales (mínimas por encima de 20 °C), que antes eran casi inexistentes en Galicia, ha aumentado notablemente en las principales ciudades costeras como Vigo, A Coruña y Pontevedra.
La duración de los veranos se ha extendido. Ya no es raro que los episodios de calor extremo comiencen en mayo y se alarguen hasta septiembre.

¿Qué podemos hacer para protegernos?
Aquí tienes algunas recomendaciones prácticas y efectivas:
En casa
Mantén las ventanas, cortinas y persianas cerradas durante el día. Ábrelas solo por la noche, cuando el aire se refresca. Apaga luces y dispositivos electrónicos que generen calor.
¿Sabías que puedes sacarle más provecho a tus ventiladores? Solo necesitas un bol grande lleno de hielo o unas botellas congeladas y colocarlo justo enfrente del ventilador. A medida que el hielo se derrite, el aire que pasa por él se enfría, lo que ayuda a refrescar la habitación de manera mucho más efectiva. Es un truco casero muy fácil que puede hacer que la temperatura se sienta varios grados más baja en espacios cerrados. Y si además pones el bol en una bandeja con agua y sal (que ayuda a que el hielo se mantenga por más tiempo), el efecto durará aún más. Es una solución económica y ecológica para sobrellevar el calor sin necesidad de aire acondicionado.
Dúchate con agua tibia, no fría. Aunque a veces pensamos que una ducha helada es la mejor manera de combatir el calor, la realidad es que el agua tibia es más efectiva y saludable. ¿Por qué? Porque cuando usamos agua fría, nuestro cuerpo reacciona tratando de conservar el calor interno, lo que puede tener el efecto contrario al que buscamos. En cambio, una ducha tibia ayuda a regular la temperatura corporal de manera más gradual, brindando una sensación de frescor que dura más. Además, evita esos choques térmicos que pueden ser dañinos, especialmente para quienes tienen problemas circulatorios o son sensibles al frío. Así que elige una temperatura templada y relájate mientras tu cuerpo encuentra su equilibrio natural.

En tu cuerpo
Recuerda el protector solar ha de ser como tu segunda piel: úsalo a diario, incluso si el cielo está nublado o solo planeas estar afuera un ratito. Asegúrate de aplicar un factor de protección solar (FPS) de al menos 30, y recuerda volver a aplicarlo cada dos horas o después de nadar. No te olvides de proteger áreas como las orejas, el cuello, el escote y los empeines.
Bebidas
Mantente hidratado, incluso si no sientes sed. En esos días calurosos o durante las épocas de calor intenso, nuestro cuerpo pierde líquidos de manera constante, a veces sin que nos demos cuenta. Esperar a tener sed para beber agua no es suficiente: la sed ya es un signo de deshidratación leve. Por eso, es crucial anticiparse y asegurarse de mantener una buena hidratación a lo largo del día.
No se trata solo de beber agua aunque esta debería ser tu principal fuente, sino también de incorporar otras opciones que ayuden a reponer líquidos y electrolitos de forma natural. Los caldos fríos caseros, las infusiones suaves (como manzanilla, melisa o menta) y los zumos naturales sin azúcares añadidos son alternativas fantásticas, ya que además de agua, aportan vitaminas y minerales que ayudan a tu cuerpo a mantenerse en equilibrio.
Una buena idea es llevar siempre una botella contigo y tomar pequeños sorbos regularmente, incluso si no tienes sed.
Evita las bebidas azucaradas, alcohólicas o demasiado frías. Las bebidas azucaradas, como los refrescos comerciales, pueden parecer refrescantes en el momento, pero en realidad no hidratan y pueden aumentar la sensación de sed a corto plazo. Además, el exceso de azúcar y cafeína puede afectar la presión arterial y dificultar la regulación adecuada de la temperatura corporal.
El alcohol, por su parte, tiene un efecto diurético: promueve la pérdida de líquidos y electrolitos, lo que puede empeorar la deshidratación sin que te des cuenta. Y aunque una bebida muy fría puede parecer tentadora, puede causar una contracción repentina de los vasos sanguíneos, dificultando la disipación del calor y, en algunas personas, provocar molestias digestivas o malestar general.
Escucha a tu cuerpo, pero no esperes a que te lo avise. La prevención es la mejor manera de cuidarte.
Comidas
Opta por comidas ligeras y frescas. Cuando el calor aprieta, nuestro cuerpo no necesita tanta energía para mantenerse activo, sino más bien un poco de ayuda para regular la temperatura. Por eso, lo mejor es ajustar nuestra dieta a opciones más ligeras, fáciles de digerir y con un alto contenido de agua, que no solo nos nutran, sino que también nos mantengan hidratados de manera natural.
Las frutas frescas son nuestras mejores amigas en esta temporada: sandía, melón, fresas, piña, kiwi o uvas no solo son deliciosas, sino que también están repletas de agua y minerales esenciales. Además, aportan vitaminas, antioxidantes y fibra, convirtiéndolas en una opción saludable y refrescante para cualquier momento del día.
Las ensaladas son ideales para el calor. Puedes hacerlas más completas y nutritivas al mezclar vegetales crudos como lechuga, espinaca, rúcula, pepino, zanahoria o tomate, con legumbres cocidas (lentejas, garbanzos, alubias), cereales integrales (quinoa, arroz, cuscús), frutos secos y alguna proteína ligera como huevo cocido, atún al natural o tofu.
No te olvides de las verduras cocidas al vapor o hervidas, que son más fáciles de digerir que los alimentos muy grasos o fritos. El calabacín, la berenjena, las judías verdes o las acelgas pueden servirse templadas o frías, aliñadas con un buen chorro de aceite de oliva virgen extra, limón o un vinagre suave para realzar su sabor sin sobrecargar el plato.
También puedes preparar sopas frías como el gazpacho o el salmorejo, que son muy refrescantes y aportan antioxidantes y nutrientes esenciales. Son fáciles de hacer y son un gran alivio en los días calurosos.
¿Por qué es importante comer ligero en verano? Las comidas pesadas o muy grasas requieren más esfuerzo por parte de nuestro sistema digestivo, lo que genera más calor interno, justo lo que queremos evitar cuando ya estamos lidiando con altas temperaturas. Además, una digestión pesada puede causar somnolencia, malestar e incluso bajadas de tensión.
Cuanto más vibrante, fresco y lleno de color sea tu plato, mejor te sentirás. Elige alimentos que te nutran sin hacerte sentir pesado, y permite que la naturaleza te ayude a mantener ese equilibrio interno.
En tu vestimenta
Elegir la ropa y los accesorios adecuados es una parte esencial del autocuidado durante los meses más calurosos. No se trata solo de sentirte cómodo, sino de proteger tu cuerpo y ayudarlo a regular su temperatura de manera natural. Tu piel, tu salud y tu bienestar te lo agradecerán.
Ropa
Usa ropa suelta. La elección de la ropa que llevamos en los días calurosos puede influir mucho en cómo nos sentimos. Optar por prendas holgadas permite que el aire circule mejor alrededor del cuerpo, favoreciendo la transpiración natural y evitando que el sudor se acumule, lo cual es clave para mantener la piel fresca y prevenir irritaciones o molestias.
Los tejidos naturales como el algodón, el lino o incluso el bambú son transpirables, ligeros y suaves con la piel. A diferencia de los tejidos sintéticos, como el poliéster o la lycra, no atrapan el calor ni dificultan la evaporación del sudor, lo que ayuda a mantener una temperatura corporal más estable.
Elige colores claros. No se trata solo de seguir la moda veraniega, los colores claros, como el blanco, el beige, el azul cielo o los tonos pastel, reflejan mejor la luz solar que los oscuros, que tienden a absorber el calor. Vestirse con colores suaves ayuda a reducir la sensación térmica y a mantener una mayor frescura.

Complementos
No olvides tus aliados contra el sol, los sombreros, gafas de sol y protector solar. Protegerse del sol no es un lujo, es una necesidad. La radiación solar puede causar desde molestias leves como enrojecimiento o deshidratación, hasta problemas más graves como quemaduras, golpes de calor o daños acumulativos en la piel y los ojos.
Los sombreros de ala ancha o las gorras de tejidos ligeros son esenciales para proteger la cabeza, la cara y el cuello. No solo evitan insolaciones, sino que también ofrecen sombra portátil dondequiera que vayas.
Las gafas de sol con filtro UV protegen tus ojos de la radiación ultravioleta, que puede dañar la retina y acelerar el envejecimiento ocular. Asegúrate de que sean de buena calidad y ofrezcan la protección adecuada, más allá de su estilo.
En la calle
Si puedes, trata de evitar salir entre las 12:00 y las 18:00 h. Durante esas horas, el sol está en su punto más alto y la radiación solar es más intensa. La temperatura puede subir bastante, lo que incrementa el riesgo de sufrir golpes de calor, deshidratación o agotamiento térmico. Por eso, si no es absolutamente necesario, lo mejor es quedarse en casa o en lugares frescos durante este tiempo crítico.
Aprovecha las primeras horas de la mañana o el final de la tarde para hacer actividades al aire libre, hacer ejercicio o realizar recados. Tu cuerpo te lo agradecerá y evitarás exponerte innecesariamente a los peligros del calor extremo.
Busca lugares con sombra o refugios climáticos. Si necesitas estar fuera, intenta moverte siempre por zonas sombreadas: calles con árboles, soportales, patios frescos o incluso la sombra de los edificios. También puedes buscar refugios climáticos, que son espacios públicos diseñados para ofrecer descanso y protección del calor, como bibliotecas, centros culturales, museos, iglesias o centros comerciales bien ventilados.
Los parques urbanos con árboles son especialmente valiosos en verano: la vegetación actúa como un regulador natural de la temperatura, creando microclimas más agradables. Caminar bajo un dosel verde puede hacer que la sensación térmica sea mucho más llevadera.
Si trabajas al aire libre, cuida tu salud. Haz pausas frecuentes y protégete. Las personas que trabajan en el exterior como en la agricultura, la construcción, el reparto o el mantenimiento urbano están especialmente expuestas a los efectos del calor. En estos casos, la prevención es aún más crucial:
Haz pausas frecuentes en zonas con sombra o frescas. No esperes a sentirte agotado para descansar. Programa tus descansos, incluso si el trabajo te tiene muy ocupado.
Intenta evitar actividades físicas intensas durante las horas más calurosas del día, si puedes, y coordina con tus compañeros o supervisores para ajustar los horarios según el clima.
Presta atención a lo que te dice tu cuerpo. Si sientes síntomas como mareos, debilidad, dolor de cabeza, náuseas, sudoración excesiva o confusión, busca un lugar fresco de inmediato, hidrátate y no dudes en pedir ayuda si la necesitas. Nunca subestimes el impacto del cal
Personas vulnerables: prestemos atención
Las olas de calor afectan especialmente a:
- Personas mayores
- Bebés y niños pequeños
- Personas con enfermedades crónicas
- Personas sin hogar o con pocos recursos
Si conoces a alguien en estas condiciones, no dudes en visitarlos, llamarlos o ayudarles a refrescarse. Tu gesto puede hacer una gran diferencia.

¿Y nuestras mascotas?
Cuida de tus animales en los días de calor: ellos también sufren las altas temperaturas.
Ellas también lo pasan mal. Aquí tienes algunos consejos:
Asegúrate de que siempre tengan agua fresca y disponible.
Coloca varios recipientes de agua en diferentes áreas de la casa, especialmente en los rincones más frescos. Cambia el agua con frecuencia para mantenerla limpia y a una temperatura agradable. Si planeas estar fuera varias horas, asegúrate de que tengan acceso garantizado al agua durante todo ese tiempo. En días especialmente calurosos, puedes incluso añadir unos cubitos de hielo al cuenco para que se mantenga fresca por más tiempo.
Sácalos a pasear en las horas más frescas del día.
Evita los paseos durante las horas centrales, entre las 12:00 y las 18:00, cuando el calor es más intenso. Es mejor optar por las primeras horas de la mañana o el atardecer, cuando el sol ya no está tan alto y el suelo ha comenzado a enfriarse.
Evita el asfalto caliente.
El pavimento puede alcanzar temperaturas altísimas y provocar quemaduras en las almohadillas de sus patas. Como regla general: si tú no puedes caminar descalzo sobre él, ellos tampoco deberían. Intenta caminar por áreas con hierba, sombra o tierra siempre que sea posible.
Nunca los dejes dentro del coche.
Ni siquiera por “un momentito”. La temperatura dentro de un coche puede dispararse en minutos, incluso con las ventanas entreabiertas, y provocar un golpe de calor que puede ser fatal. Lo mismo ocurre con balcones sin sombra o patios sin acceso a zonas frescas. Siempre deben poder resguardarse del sol directo y tener una ventilación adecuada.
Refréscales
Refrescar a tus mascotas puede ser la clave para evitar un golpe de calor. Colocar paños húmedos (pero no helados) sobre sus patas, cabeza, cuello o abdomen puede ayudar a bajar su temperatura. También puedes mojar ligeramente su lomo o usar un pulverizador con agua fresca. Existen mantas refrigerantes especiales para animales y collares refrescantes que pueden ser de gran ayuda.
Presta atención a su comportamiento
Si ves que jadean en exceso, están muy decaídos, tienen dificultad para respirar, vomitan o tambalean, podrían estar sufriendo un golpe de calor. En ese caso, llévalos a un lugar fresco, humedécelos con agua, ofréceles agua para beber poco a poco y acude de inmediato al veterinario.
Recuerda: ellos no pueden hablar, pero su cuerpo te lo dice todo. En los días calurosos, cuídalos como lo harías con un niño. Ellos confían en ti para estar a salvo.
La fuerza de cuidarnos
Las olas de calor no son solo un fenómeno meteorológico. Son un recordatorio de que debemos cuidarnos más que nunca, adaptar nuestros hábitos y estar más atentos a nuestro entorno.
No podemos controlar el clima, pero sí podemos prepararnos mejor, actuar con responsabilidad y asegurarnos de que el calor no nos quite el bienestar.
Y tú ¿tienes algún truco o costumbre para sobrellevar mejor estos días tan calurosos? Me encantaría leerte en los comentarios o en redes.


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