No conocía la historia de Pepito Arriola. Y, sinceramente, me cuesta entender cómo después de tantos años ni siquiera me sonaba su nombre.
La descubrí gracias a un hilo de Iván Fernández Amil, que tiene ese mágico talento de sacar del olvido historias que parecen demasiado increíbles para haber sucedido de verdad. Pero sucedieron. Y es necesario y de justicia que se conozcan, que las conozcamos.
Pepito Arriola
Pepito nació en Betanzos. Era un niño y un día empezó a tocar el piano de una forma que nadie era capaz de explicar.
Era capaz de escuchar una sola vez una melodía y repetirla sin ningún fallo. Con solo tres años ya era capaz de sentarse al piano y tocar melodías sin haber recibido formación. Muy pronto actuó ante reyes, emperadores y algunas de las figuras más importantes de su época.
La prensa lo bautizó como el Mozart español, pero por encima de cualquier comparación, él fue y será un gallego irrepetible.
La historia del Mozart Gallego
No sé por qué algunas personas acaban ocupando todas las páginas de la historia y otras se quedan en una nota al pie. Lo que sí sé es que cuando lees la vida de Pepito Arriola sientes que algo no encaja. Un gallego admirado fuera de nuestras fronteras, capaz de emocionar a quienes dedicaban su vida a la música, y hoy su nombre apenas nos dice nada. Y eso también es una forma de perder patrimonio.
No solo desaparecen los edificios, los caminos o los viejos oficios. También desaparecen las personas cuando dejamos de contar quiénes fueron.
Así que hoy quería hacer algo muy sencillo, escribir su nombre.
Contar la increíble historia de Pepito Arriola, ese niño nacido en Betanzos cuyo talento musical dejó maravillada a toda Europa.
Porque quizá alguien lo lea, sienta la misma curiosidad que sentí yo y vaya a descubrir quién era. Y si eso ocurre, aunque solo sea con una persona, habrá merecido la pena compartir esta historia.
A continuación os resumos la historia de un niño que llegó al mundo con una historia complicada
Bibliografía
Cuando Pepito Arriola nació en Betanzos, en 1895, su vida ya estaba marcada por las circunstancias de la época. Su verdadero nombre era José Rodríguez Carballeira y era hijo de Aurora Rodríguez Carballeira, una mujer que tuvo que enfrentarse a los prejuicios de una sociedad que veía con malos ojos a las madres solteras.
La presión social era enorme. Aurora decidió dejar al pequeño al cuidado de su familia en Galicia mientras ella se instalaba en Madrid. Aquella separación, forzada por las convenciones del momento, sería el comienzo de una historia tan extraordinaria como inesperada.
Con el paso de los años, el nombre de Aurora Rodríguez dejaría de estar ligado únicamente al de Pepito. Se convertiría en uno de los personajes más controvertidos de la historia española del siglo XX.
Obsesionada con la idea de moldear a un ser humano excepcional mediante una educación rigurosa, tuvo una segunda hija, Hildegart Rodríguez. La educó con un método tan exigente que la joven acabó convirtiéndose en una intelectual brillante siendo apenas una adolescente. Escribía, daba conferencias y dominaba varios idiomas cuando la mayoría de los jóvenes de su edad apenas empezaban a abrirse camino.
La historia dio un giro trágico en 1933. Cuando Hildegart quiso vivir su propia vida y tomar decisiones por sí misma, Aurora acabó con ella mientras dormía. El crimen conmocionó al país y ocupó durante meses las portadas de los periódicos. Años después inspiraría libros, películas y numerosos estudios sobre la personalidad de su madre.
Pero no nos interesa la madre y si descubrir más al genio
Con el paso de los años, el niño que había maravillado a Europa dejó de ser noticia. Creció, se convirtió en un magnífico pianista y compositor, pero el interés por el «niño prodigio» fue apagándose. A veces parece que el mundo admira más el talento cuando cabe en un cuerpo pequeño que cuando madura.

Pepito decidió establecerse en Alemania, donde desarrolló gran parte de su carrera como concertista y profesor. Allí había encontrado el lugar perfecto para vivir de la música, hasta que la historia volvió a cruzarse en su camino.
La Segunda Guerra Mundial lo cambió todo.
En 1945, durante los bombardeos sobre Berlín, su casa quedó destruida. Con ella desaparecieron partituras, composiciones inéditas, recuerdos personales y buena parte del trabajo de toda una vida. No perdió el talento, pero sí una parte irrecuperable de su legado.
Logró sobrevivir y regresó a España con muy poco más que su experiencia y su música. Se instaló en Barcelona, lejos del reconocimiento que había conocido de niño. Aquel pequeño que había tocado ante reyes, emperadores y algunas de las figuras más importantes de la música europea terminó dando clases particulares y afinando pianos para salir adelante.
En sus últimos años volvió a encontrarse con Aurora Rodríguez, su madre biológica. Ella ya estaba internada en el psiquiátrico de Ciempozuelos después de haber asesinado a su hija Hildegart en uno de los crímenes más conocidos de la España del siglo XX.
Pepito Arriola murió en Barcelona en 1954. Durante décadas su nombre apenas apareció en los libros, como si aquel niño que un día dejó sin palabras a toda Europa nunca hubiera existido.
Por suerte, la historia siempre acaba encontrando a alguien dispuesto a rescatarla del olvido. Hoy sabemos que Pepito Arriola no fue solo un niño prodigio. Fue uno de los grandes músicos gallegos de su tiempo y merece ocupar el lugar que le corresponde en nuestra memoria.
Agradecimiento especial
Gracias, Iván Fernández Amil, por seguir rescatando estas pequeñas joyas que nos recuerdan que Galicia está llena de nombres que nunca debieron caer en el olvido.













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